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Muchísimos estudiosos, tanto peruanos,como latinoamericanos y europeos, han investi- gado su vida, han escrito acerca de sus aciertos, de sus debilidades y la importancia de su obra en la fundación del pensamiento socialista en América Latina. Mariátegui vivió tan sólo 36 años, y en el lapso de más o menos veinte años (1911-1930) alcanzó a escri- bir 3.000 textos periodísticos, además de poesía, teatro y prosa. Aquí, en unos cuantos párrafos, presentamos la breve vida y la fecunda obra de José Carlos Mariátegui que empezó llamándose Juan Croniqueur. José Carlos Mariátegui nació en Moquegua (Perú) el 14 de junio de 1894. Su padre, Francisco Javier Mariátegui, era empleado en el Tribunal Mayor de Cuentas de Lima y su madre, María Amalia Lachira, de origen humilde y profunda religiosidad. El trasladado del padre al norte del país desestabilizó la holgada situación económica, ade- más rompió todo vínculo de unión con la familia. Su madre, con sus tres hijos Julio César, José Carlos y Guiller- mino, Amanda ya había muerto se trasladó a Huacho para estar cerca de sus parientes. El trabajo de costurera y el apoyo de su familia fueron los únicos recursos económicos. José Carlos ingresó a la escuela en 1901 en Huacho. Debido a un accidente fue trasladado a Lima e internado en la clínica Maisón Santé cuya convalecencia de cuatro años lo forzó a interrumpir sus estudios. Su padre murió en 1907 y Mariátegui terminó la primaria a los 14 años. En 1909, a los quince años, entra como alcanza-rejones en el diario La Prensa dirigido por Alberto Ulloa. En 1910 es ascendido a ayudante de linotipista y corrector de pruebas, un año más tarde, febrero de 1911, apareció su primer artículo firmado con el seudónimo de Juan Croniqueur, al mismo tiempo ayudaba a clasificar los telegramas que llegaban de provincias. Después, en 1912, se le encargó la redacción de noticias policiales, incendios y de la lotería. En enero de 1914 y como Juan Croni- ueur escribió "Al margen del arte", una nota sobre la producción artística del Perú. A partir de ese momento publicó sus artículos bajo este seudónimo y colaboró con la revista Mundo Limeño. En 1915 empezó a escribir en la revista hípica El Turf y en la revista femenina Lulú. Su pluma pasa fácilmente del dato frívolo y pintoresco a la descripción curiosa de la aristocrática mujer limeña que disfruta sus ocios en las carreras de caballos. Del estetismo a la política social En La Prensa encontró como redactores a Abraham Valdelomar, César Falcón y Félix del Valle. Un día conci- bieron la idea de fundar una revista y así nació Colónida, de la cual sólo aparecieron cuatro números, entre enero y mayo de 1916. Casi todos los componentes del grupo Colónida eran autodidactas, extrauniversitarios, forma- dos al contacto de las corrientes modernistas europeas. El maestro González Prada, con su pensamiento liberal y anárquico, influía en todos ellos. En ese tiempo Mariátegui estrenó la obra de teatro Las Tapadas escrita en colaboración con Julio de la Paz, aunque la crítica no le fue favorable. Su experiencia de retiro en el Convento de los Padres Descalzos lo poetisó en "Elogio de la Celda Ascética" y publicado en la revista Colónida. Luego dio a conocer el poema dramático La Mariscala, escrita "a dúo" con Abraham Valdelomar. Anunció su poemario Tristeza que no llegó a publicarse, igual destino correría el libro de poesía Sinfonía de la vida metropolitana. En junio de 1916, debido a la orientación liberal-conservadora de La Prensa, renunció a este periódico e ingresó a El Tiempo como redactor principal y cronista parlamentario con su sección Voces. Entre 1916 y 1917 siguió con atención el acontecer de la política peruana y sus ataques a ésta serán cada vez más frecuentes y despiadados. Mariátegui siente entonces la necesidad de contar con un medio periodístico más acor- de con sus ideales y con sus amigos Félix del Valle y César Falcón funda la revista Nuestra Época, en la que colaboraría también, entre otros, el poeta César Vallejo. Juan Croniqueur manifestó alguna vez su preferencia por la literatura y que al periodismo acudía obligado por las premuras económicas. El primer número de Nuestra Época, impreso en las maquinarias de El Tiempo, apareció el 22 de junio de 1918. Los responsables de la redacción de El Tiempo, pese a su oposición al régimen de Pardo, miraban con reserva la orientación de la revista y un día les negaron las máquinas para imprimirla. Falcón y Mariátegui presentaron su renuncia a El Tiempo y exigieron la publicación de la carta en que exponían los motivos de su alejamiento y anun- ciaban la fundación de La Razón que "represente verdaderamente los ideales, tendencias y rumbos doctrinarios que inspiran nuestra labor." Entre mayo y agosto de 1919 apareció La Razón. Desde el primer número adoptó una posición independiente, al mismo tiempo se convirtió en una tribuna de defensa del movimiento obrero y apoyaron decididamente la huelga del 4 de mayo de 1919 en favor de la jornada por las ocho horas y el abaratamiento de las subsistencias. En esta huelga fueron apresados muchos obreros y estudiantes. Días después La Razón celebró la liberación de los detenidos y la manifestación de miles de obreros que recorrieron las calles de Lima. Mariátegui dijo que "La Razón era un periódico del pueblo y para el pueblo." El 8 de agosto se anunció la interrupción del periódico porque su orientación política no era compatible con el criterio del Arzobispado de Lima, en cuyos talleres tipográficos se imprimía La Razón. La causa verdadera fue el editorial que intentaron publicar calificando a la Asamblea Nacional de la siguiente manera: "ya está armado el tinglado de la Patria Nueva de este régimen cuyo personal es senil y claudicante." Ante este impase la primera página de La Razón del 3 de agosto apareció en blanco, poco después se lanzó por las calles de Lima un volante que reproducía el editorial censurado. El presidente Leguía sintió los dardos y unos días más tarde prohibió definitivamente a La Razón. Por los caminos de Europa El gobierno de Leguía planteó el siguiente dilema a Mariátegui y Falcón: la cárcel o viaje a Europa. Optaron por marcharse el 8 de octubre de 1919 y muchos insinuaron que estaban vendidos al gobierno. Eugenio Chang escribió: "Mariátegui, joven pobre de 25 años, sabía bien que su preparación autodidacta no podría progresar rápidamente, a menos que alguien le ayudase. Sin considerar el significado moral de la ayuda del gobierno, aceptó el viaje a Europa." La primera escala del viaje fue Nueva York. A su llegada los obreros portuarios se encontraban en huelga, esto y el gran desarrollo industrial norteamericano impresionaron al joven Mariátegui; al poco tiempo, hacia finales de octubre, llegó a Paris. Durante los dos meses que permaneció en esta ciudad, recorrió museos, asistió a conciertos y teatros y por su inquietud política seguió las sesiones de la cámara de diputados. En 1920 llegó a Italia desde donde Mariátegui empezó sus colaboraciones periodísticas para el diario El Tiempo bajo el epígrafe "Cartas de Italia" y aquí encontraría la ideología que dirigió su reflexión y su acción. Al contacto con el socialismo europeo, su socialismo incipiente se robusteció y disciplinó en una línea claramente revolucionaria. Su formación marxista la inició en un círculo de estudios vinculado al Partido Socialista Italiano. Entre julio y octubre de ese año recorrió el norte italiano, observando el movimiento huelguístico de Turín y el fenómeno de los Consejos de Fábrica. Los sindicatos crecían cualitativamente y las huelgas se propagaban, tanto en el norte como en el sur, exigiendo aumento de salarios. Este movimiento culminó con la ocupación de las fábricas; mientras los obreros seguían produciendo, la dirección del Partido Socialista pasaba su tiempo discutiendo si la huelga era sindical o política. Después de la huelga, tanto obreros como industriales se sentían derrotados. Los primeros tenían el control sindical de la industria, por lo menos teóricamente, pero estaban al margen del poder político prometido por sus dirigentes. Los segundos experimentaban el resentimiento de su fracaso al haber tenido que ceder. Sin duda, los que realmente habían perdido eran los obreros, pues sus jefes no supieron interpretar el movimiento espontáneo de la masa. En 1921 asistió al congreso del Partido Socialista Italiano en Livorno. El otro fenómeno que impresionó a Mariátegui fue el fascista. La crisis de la post-guerra desembocó en un cierto escepticismo, y esta situación propició el surgimiento de ideologías irracionalistas y preconizadoras del uso de la violencia. En 1919 Mussolini creía que el fascismo era un fenómeno urbano, a finales de 1920 éste se extendía al mundo campesino gracias al apoyo de los terratenientes que procuraban desembarazarse de las asociaciones socialistas. El fascismo comenzó su ola de terror contra las organizaciones obreras que eran incapaces de resistir a este movimiento de violencia. En 1921 Mariátegui contrajo matrimonio con Ana Chiappe. La joven pareja se radicó en una casita de la campiña romana de Fracati. Mariátegui recordará toda su vida esos meses de amor y comprensión que le ayudaron a afirmarse en la vida, y hasta influyeron en su misma orientación ideológica. "El marxismo había sido para mí hasta esos días una teoría un poco confusa, pesada y fría; en esos días vi su luz clara y tuve la revelación..." En 1922 Mariátegui recibió la visita de su amigo Falcón que venía de España. Ambos, junto con un cónsul y un médico peruanos formaron una pequeña tertulia a fin de compartir sus experiencias europeas. Después de varias reuniones decidieron formar la primera célula comunista peruana, de poca duración, pues ante la situación fascista italiana, Mariátegui y Falcón partieron hacia Alemania. Llegaron a la zona del Ruhr, a Essen, donde la huelga ferroviaria los tuvo bloqueados algunos días. Recorrieron Europa estudiando los movimientos revolucionarios que convulsionaron el continente europeo después de la guerra. Retorno a la realidad peruana En marzo de 1923 llegó Mariátegui a Lima. Vino decidido a realizar una acción socialista, pero Lima lo recibió con cierta desconfianza. Ante esta situación se alejó de toda acción inmediata y recibía a sus amigos íntimos en su domicilio. En una entrevista para Variedades Mariátegui declaró que su héroe predilecto "es el héroe anónimo de la fábrica, de la mina, del campo; el soldado ignoto de la revolución social." El diario La Crónica lo presentó ya no sólo como el literato y periodista irónico, sino como el hombre que se ha dedicado, durante su estadía en Europa, a los "estudios políticos, económicos y sociales." A pesar de que muchos detractores de la dictadura de Leguía se encontraban en el destierro, reinaba en el país un estricto control y espionaje. El anuncio, por parte del arzobispo de Lima, de que Leguía había aceptado la consagración oficial del Perú al Sagrado Corazón de Jesús durante el mes de junio, desencadenó en la prensa una amplia campaña de protesta. Un grupo anarquista y la Universidad Popular, dirigida por Haya de la Torre, lanzaron la idea de formar un frente único "a fin de impedir que la imposición del clericalismo ofenda con la proyectada ceremonia oficial, el principio de libertad de conciencia que la nación debe garantizar en su máxima amplitud." Mariátegui, ante la propuesta de Haya para que se una a este frente, le responde que todo ese tinglado anticlerical era "una lucha liberalizante y sin sentido revolucionario." Durante las manifestaciones murieron un estudiante y un obrero y el gobierno se vio obligado a suprimir la ceremonia religiosa. Mariátegui, consciente del confusionismo y la necesidad de orientar a los trabajadores, imbuido de ideas anarco-sindicalistas, acepta iniciar un ciclo de conferencias en la Universidad Popular González Prada sobre "Historia de la crisis mundial". En octubre fue deportado Haya de la Torre por el gobierno de Leguía, Oscar Herrera asume la rectoría de la Universidad Popular y Mariátegui la dirección de la revista Claridad. En el semanario Variedades, de tendencia leguiísta y dirigido por Clemente Palma, inició su sección "Figuras y aspectos de la escena mundial". Se dice que Mariátegui, a su regreso al Perú, actuó con prudencia ante el régimen de Leguía, debido a su situación económica y la imposibilidad de encontrar una revista en la línea de sus ideas, por otro lado, era necesario caminar lentamente para clarificar y preparar los espíritus de los futuros agentes de la revolución. Esta prudente línea política e ideológica no impidió que, en enero de 1924, Mariátegui fuese enviado a prisión debido a la reedición de la revista Claridad. Los obreros anunciaron una gran movilización que no se llevó a cabo porque fue puesto en libertad. Mariátegui iba conociendo a los obreros que, en medio de su desorientación ideológica, estaban dispuestos a seguir las orientaciones de sus dirigentes, por eso se une a ellos y les habla de la necesidad de la unidad para adquirir conciencia de su situación. Hacia fines de mayo le diagnosticaron un tumor en su única pierna sana y es amputada para salvarle la vida. La noticia produjo una gran preocupación en Lima, sobre todo en los medios obreros y estudiantiles. Mariátegui consiguió superar la crisis y, desde su sillón de inválido, siguió enviando sus artículos a diarios y semanarios. En setiembre comenzó a publicar en Mundial la serie "Peruanicemos al Perú". En 1925 se le propuso para desempeñar la cátedra universitaria en la facultad de ciencias económicas, pero no fue aceptado por carecer de título universitario. Después escribiría que "la mala voluntad del rector y, seguramente, su estado de salud, frustraron esta iniciativa de la Federación de Estudiantes." Uno de sus ideales era la fundación de una revista en la que libremente pudiese exponer sus ideas, el primer paso fue la creación de la editorial-librería-imprenta "Minerva". Publicó libros de autores extranjeros y peruanos, entre ellos su primer libro: La escena contemporánea. Este año se cerró una nueva etapa en la vida de Mariátegui y deja entrever la época más fecunda de su vida. Es el momento en que su reflexión, sin perder el contacto con Europa, se orientó hacia la realidad peruana. Tiempos de asedios y rupturas La ideología que Mariátegui asumió en Europa, empezó a fructificar en tierra americana, en las páginas que le dedicó ya no a la realidad europea sino a la indo-americana, concretamente a la peruana. En setiembre de 1926 salió Amauta, revista mensual de organización y de definición ideo-lógica de los representantes del nuevo espíritu. La aparición de Amauta fue comentada en el Perú por diversas revistas y periódicos, y poco a poco fue adquiriendo una gran difusión en los círculos latinoamericanos de vanguardia. Junto a esta campaña ideológica Mariátegui cree llegado el momento de la organización de las fuerzas proletarias y envía un mensaje al Segundo Congreso Obrero celebrado a principios de 1927. Pero el congreso no llegó a su culminación pues la policía interrumpió las sesiones y apresó a sus dirigentes. La Federación Obrera Local fue disuelta y el movimiento obrero entró en un período de crisis que se prolongó hasta finales de 1928 en que Mariátegui reinició un intenso trabajo de organización. Entre febrero y marzo de 1927 polemiza con Luis A. Sánchez sobre el indigenismo. En junio el gobierno de Leguía denuncia la existencia de un supuesto complot comunista y se inicia la represión contra los núcleos obreros e intelectuales; se ordena la prisión de Mariátegui y la clausura de la revista Amauta. Por cuestiones de salud, Mariátegui fue conducido prisionero al Hospital Militar de San Bartolomé. Los círculos izquierdistas latinoamericanos y peruanos protestaron por este atropello. Estas protestas se continuaron aún después de la liberación de Mariátegui, ahora dirigidas contra la supresión de Amauta, la cual daba espacio a la campaña anti-imperialista lanzada por el grupo aprista desde el destierro. Amauta volvió a aparecer en diciembre poniendo énfasis en el estudio de la realidad peruana, y sobre todo, de la época incaica. El exiliado Haya de la Torre fundó en 1924 la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) dice del primer número de Amauta: "Es el mejor mensaje... Ud., compañero Mariátegui, ha comenzado esta tarea que hay que intensificar y engrandecer..." En 1927 Haya asistió en Bruselas al Primer Congreso Anti-imperialista Mundial y presentó el programa del APRA en la lucha anti-imperialista. Se oponía a un frente único con el proletariado norteamericano porque "está imbuido de prejuicios imperialistas... Podemos encontrar en América del Norte fuerzas aliadas, pero en las otras clases, no en la clase obrera..." Haya empieza a atacar la táctica de los partidos comunistas latinoamericanos "que han confundido el determinismo marxista con una suerte de fatalismo nirvana pseudo-revolucionaria." A principios de 1928 Haya lanzó desde México un manifiesto contra el gobierno de Leguía y anunció la transformación del APRA de alianza en partido. Este manifiesto es recibido por Mariátegui como un ejemplo de la "bohemia revolucionaria" y se negó a prestarle apoyo y explicó que no puede afiliarse a este partido que utilizaba los mismos métodos que los fascistas italianos y el mismo confusionismo. Haya respondió: "Lamento su precipitación, su vehemencia. Ha recaído Ud. en el tropicalismo. Recibí su carta... No la contesté... Preferí hacerla pedazos y echarla al canasto." Ante esta respuesta Mariátegui cortó toda correspondencia personal con Haya. La ruptura entre Mariátegui y Haya se hizo oficial en abril de 1928. Haya había dicho: "Somos izquierdistas porque somos anti-imperialistas". Mariátegui le responde: "Somos agraristas, anti-imperialistas. De izquierda porque somos socialistas." Mariátegui no podía admitir el nacionalismo continental propuesto por Haya, sino un internacionalismo de clase del que no "podían ser excluidas las clases más explotadas de los mismos países imperialistas." A su vez, Mariátegui toma contacto con la secretaría sindical de la Tercera Internacional. Envía a Rusia como delegados al IV Congreso de la Profintern (Sindical Roja) y al Congreso de los Países Orientales, realizado en Bakú, a Julio Portocarrero y Armando Bazán. En julio Amauta define su orientación socialista, a su vez se inician los trabajos para la fundación del Partido Socialista, que al fin se plasma el 8 de octubre con Mariátegui como secretario general. En noviembre apareció, junto a la primera edición de los Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, el primer número del quincenario obrero Labor. En 1929 publicó en la revista Mundial su novela corta La novela y la vida, que, junto a La defensa del marxismo, serán su doble testamento marxista y surrealista-psicoanalítico. Amauta tomó también un tono más bélico y comprometido en la línea marxista y Labor, como órgano del proletariado, tenía el objetivo de informar a éste sobre las cuestiones y movimientos sociales contemporáneos. El 17 de mayo se constituyó el Comité Organizador Pro-Central General de Trabajadores del Perú. Ese mismo mes envía a Montevideo, como delegados al Congreso Constituyente de la Conferencia Sindical Latinoamericana, a Ricardo Martínez de la Torre y a Julio Portocarrero. También envía delegados a la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana en Buenos Aires. Fue nombrado miembro del Consejo General de la Liga Anti-imperialista, órgano impulsado por la Tercera Internacional. En setiembre su casa fue allanada, esta vez debido a un supuesto "complot judío" y Labor es clausurada. A fines de marzo de 1930, Mariátegui es internado de emergencia en la clínica Villarán. Muere el 16 de abril. Bibliografía: Diego Meseguer Illan. José Carlos Mariátegui y su pensamiento revolucionario. Lima, Instituto de estudios Peruanos, 1974. Alberto Flores Galindo. La agonía de Mariátegui. Lima, Instituto de Apoyo Agrario, 3ra. Edición, 1989. Antología. José Carlos Mariátegui. Invitación a la vida heroica. Lima, Instituto de Apoyo Agrario, 1989. Wilfredo Kapsoli. Mariátegui y los congresos obreros. Lima, Empresa Editora Amauta, 1980. |