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Para muchos observadores extranjeros este hecho resultó paradojal. Pero la verdad de las tímidas manifestaciones obedece, en primer lugar, a que en el país se mira con recelo o más bien con incredulidad, el que Pinochet sea realmente juzgado. Ni hablar de que esto ocurra en Chile. Por otra parte, la "indiferencia" es más compleja de lo que parece. El chileno medio no es el mismo de hace diez o quince años atrás. Hoy existe en el país una nueva mentalidad que está directamente relacionada con el sistema económico impuesto por el régimen militar. Además, los seguidores de Pinochet no son pocos y la detención del anciano militar sólo sirvió para demostrar abiertamente que la tan valorada transición a la Democracia no es tal, ya que los militares aún tienen mucho que decir y porque el continuismo del discurso pinochetista todavía se mantiene, no como en antaño pero sí a través de la economía. Olvidar, es la palabra "Es mejor quedarse callado y olvidar. Es lo único que debemos hacer. Tenemos que olvidar y esto no va a ocurrir abriendo casos, mandando gente a la cárcel. Olvidar; esta es la palabra", decía Pinochet en 1995 y la población -resignada a que jamás hubiera justicia- estaba en eso cuando llegó desde Londres la noticia de la detención del ex general. Sin embargo, las manifestaciones espontáneas a favor del hecho no se desarrollaron como muchos hubiesen querido, muy por el contrario, los protagonistas fueron otros personajes: la derecha pinochetista quemando banderas inglesas en la calle y exigiendo su libertad mostró la otra cara de la medalla. ¿Qué pasa en Chile? ¿Por qué la gente no salió a las calles a celebrar como muchos esperaban y si lo hicieron para manifestar su repudio los seguidores del anciano militar? En los últimos diez años "democráticos" las pocas manifestaciones en contra de Pinochet se realizaban esporádicamente en algunas universidades, cada 11 de septiembre -día del golpe militar de 1973- y para el cumpleaños del ex militar, pero las reglas del juego se sabían y eran más bien demostraciones simbólicas que querían decir de cuando en cuando que la gente no olvida. Sin embargo, hasta la detención de Pinochet muchas veces el tema se evitaba. La gente prefería hablar de otras cosas -y aún lo hace, sobre todo cuando se desconoce al otro- y no discutir posiciones irreconciliables, al menos en esta generación. Muchos chilenos asumieron que Pinochet era un ser intocable y que era mejor trabajar y olvidarse del pasado. Para algunos, este es un consenso sano, ya que ayuda a las buenas relaciones, pero para otros es simplemente una bomba de tiempo. Por otra parte, desde que el gobierno "democrático" pidió la vuelta del ex general al país -entre otras cosas por cuestiones humanitarias- la población sólo ha reforzado su incredulidad en que algún día se haga justicia. Nadie imagina a Pinochet ante los tribunales chilenos, a pesar de que el ministro de fuero, Juan Guzmán Tapia, investiga 32 querellas presentadas en su contra. En segundo lugar, el sistema económico impuesto por el régimen militar atrapó a la sociedad chilena. Hoy en día vale más la pena velar por lo propio que por las grandes causas sociales. El chileno medio se volvió un ser individualista, más preocupado del lo inmediato que de lo trascendental, aunque con justa razón. Hoy existe en el país un nuevo concepto respecto a lo que constituye tener éxito en la vida. El vestuario, el tipo de auto, el barrio donde se vive, el lugar donde se veranea, el colegio donde estudian los hijos, la clínica donde se es operado y hasta el cementerio donde se es enterrado se han transformado en elementos imprescindibles para alcanzar o al menos aparentar un status social. La presión por el consumo es abrumadora -desarrollada especialmente a través de la televisión- transformando en urgencia el poseer un determinado bien, sea éste necesario o no. Sin embargo, esto contrasta con los bajos salarios, y en el último tiempo, con las altas tasas de desempleo. La contradicción es resuelta, transitoriamente, por el crédito y el endeudamiento. Gran parte de la población debe destinar hasta dos meses de trabajo al año sólo para pagar los intereses de lo adeudado con casas comerciales, financieras y bancos. No es de extrañar entonces que las nuevas prioridades del chileno común y la falta de credibilidad en las instituciones no logren motivar a la celebración que muchos esperaban. Mesa de diálogo El último año, sobre todo desde la detención de Pinochet, muchos militares han sido llamados a prestar declaración en los Tribunales de Justicia por diferentes casos. En este contexto, en el mes de agosto, apareció la llamada "Mesa de Diálogo", instancia que se creó para esclarecer las violaciones a los Derechos Humanos y dar con el paradero de los detenidos desaparecidos, todo sin poner plazos, condiciones, ni circunscribir el trabajo a eventos circunstanciales. Sin embargo, en la "mesa" no están presentes los familiares de los detenidos desaparecidos, agrupación imprescindible en este diálogo y que al estar ausentes, remiten las soluciones a las conveniencias de los asistentes, es decir, a los militares y al gobierno. Pero la falta de credibilidad en la iniciativa tiene argumentos contundentes. Primero, el Gobierno es representado por el ministro de defensa, Edmundo Pérez Yoma, y no por el Presidente Eduardo Frei. Esta estrategia es para algunos especialistas una forma de prevenir las consecuencias políticas de un posible naufragio del proyecto, pero a su vez una gran falencia ya que de esta forma el proyecto se anunció desde un principio como muerto. En segundo lugar, la "mesa" es vista por muchos sólo como el resultado de la presión ejercida por los militares para "sentarse a conversar" y frenar así el paso de sus hombres por la justicia. El continuismo de esta política es casi seguro. Las elecciones de diciembre probablemente entreguen a Ricardo Lagos, otro concertacionista -agrupación política que ha gobernado al país durante la última década-, como futuro Presidente del país. Esto debido a que las candidaturas alternativas no tienen posibilidad alguna de competir con las sumas millonarias que manejan la Concertación y la derecha para su propaganda. Tanto Ricardo Lagos, como Joaquín Lavín -candidato de la derecha- están apoyados por grandes empresarios, cuyos aportes financieros se mantienen en reserva pero que algunos medios de comunicación han estimado en 30 millones dólares en conjunto. De esta forma, una vez más, el mercado manipulará la conciencia de las personas mostrando una realidad fragmentada, que promulga la perduración del modelo neoliberal, la permanencia del militarismo y de la democracia protegida que impera hasta ahora. Inicio Feria del Libro Libros y mas libros Noviembre
alemán
Quizás no haya sido del todo casualidad que los alemanes hayan escogido el 9 de noviembre de hace diez años para derribar el muro de Berlín y así simbólicamente, derrumbar también la "cortina de hierro" que separaba al campo socialista del mundo occidental. Hasta qué punto se estuvo en esos días cerca de una catástrofe nuclear lo habla el hecho de que los 400,000 soldados rusos estacionados en la antigua República Democrática de Alemania estuvieron en estado de alerta permanente en esos días. Sin embargo, la línea oficial del gobierno soviético, según lo ha declarado esta semana el mismo Mijáil Gorbachov, era no inmiscuirse en los asuntos internos alemanes y respetar la voluntad popular. La caída del muro de Berlín, también implicó la destrucción de la "cortina de hierro" y además, fue el principio del fin de los regímenes del "real socialismo" en todo el Este europeo. También implicó la autodisolución del Pacto de Varsovia y la llegada de gobiernos "democráticos" a todos los países de la ex-órbita socialista. También la caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 significó el fin de la guerra fría y el fin de la utopía socialista. En Alemania prácticamente se dio una "anexión" (Anschluß) de la antigua RDA que pasó a manos de Alemania Federal o RFA intacta, tal como lo mantiene una de las voces más críticas del país, el recientemente Premio Nobel Günter Grass. Sin embargo, oficialmente se habla de una "Reunificación" (Wiedervereinigung) para paliar un hecho tan rotundo como innegable: los alemanes occidentales compraron a "precio de quemazón" todo un país. El hecho de que la RFA sea la tercera potencia económica mundial, luego de USA y Japón, así como la voluntad de los mismos "ossis" (Alemanes orientales) de pertenecer al capitalismo, crearon las condiciones necesarias para la reunificación o anexión, según del cristal con que se mire. A diez años de este magno suceso sin embargo, esta claro en Alemania que los grandes perdedores de la Wiedervereinigung son los habitantes de la antigua RDA. Como bien lo señala la periodista española Pilar Bonet de El País, en la antigua Alemania Democrática o comunista el desempleo (que tiene una media de 17%) es el doble que en el resto del país, el PBI por habitante en el este está al 60% del nivel del oeste; la productividad es dos tercios de la occidental. En su conjunto, las empresas del este sólo aportan un 6% de la exportación alemana. Y es que la RFA no tiene ningún interés en crear puestos de trabajo o fábricas en el Este. Por ejemplo, las fábricas de automóviles Volkswagen o Mercedes tienen capacidad de producción para abastecer todo el mercado. Esto mismo pasa con otros consorcios como la Siemens o la Bayern, que tienen sus plantas productivas y ultramodernas en el oeste. Sin embargo, una de las lecciones más bellas que ha dejado el 9 de noviembre de 1989 ha sido la de que se llevó a cabo una verdadera revolución sin disparar un sólo tiro y sin ningún muerto o herido. Mijáil Gorbachov, el genio político que comprendió la necesidad del cambio sin tener tiempo para maniobrar y evitar el desmoronamiento de todo el sistema socialista, es quizás, el verdadero arquitecto de la caída del muro de Berlín. Y los alemanes de todas las partes del país así lo entienden y lo han invitado como orador principal para los actos conmemorativos en Berlín. La caída del muro de Berlín es uno de los pocos casos en la historia de la humanidad en que la razón triunfó sobre la violencia y la locura de la guerra. |